El YO – Guia para el Estudio de Yoes

EL YO

El Yo

Nuestra condiciónEl yo es deseo, memoria, conceptoSobre la naturaleza múltiple –  La Conciencia, el origen de los yoes, y el oficio de la chispaLa lucha por el cuerpo físico y la ilusión de unidadLa personalidad

Nuestra condicion

Somos actualmente una marioneta movida por los invisibles hilos de mecánicas emociones, deseos, temores, odios, etc.

Por ej., si alguien me insulta, en mi mundo interior se genera una reacción de odio, orgullo, vergüenza, violencia, etc. Dicha reacción va a producir una respuesta en el mundo exterior: pelea, ironía, gritos, indiferencia, etc.

Cada una de mis emociones, de mis pensamientos, de mis deseos, radica en la existencia de un yo particular, creado en base a la imitación, la envidia, la competencia,  y muchas otras cosas.

Si pasa una mujer atractiva, inmediatamente surgen en mi mundo interior una variedad de reacciones mecánicas (deseos, imaginación, excitación, etc.) que me llevan a una respuesta condicionada: morbosearme, piropearla, seguirla, preguntarle algo, mostrarme, sufrir, resignarme, etc.

Así mismo sucede con los celos, con la competencia, con la codicia…son fuerzas a las que el ser humano se encuentra sometido. Como vemos el cuerpo se presta pasivamente para las diversas actividades de la psiquis.

Si descubro los resortes secretos de mis reacciones mecánicas, las puedo desarticular para que dejen de obligarme a actuar siempre de la misma manera.

Trabajando de esta manera con cada uno de los yoes, uno se adueña de sí mismo y rompe con la mecanicidad.

El yo es deseo, memoria, concepto

Se ha enunciado por ahí que todos tenemos un “yo superior” y uno del tipo inferior y que mediante un trabajo espiritual podemos conectarnos con el superior. Dicha teoría no contempla que lo inferior y lo superior son dos aspectos de la misma cosa.

El “yo superior” puede tener en apariencia muy buenas intenciones pero no deja de ser un yo, un condicionamiento. El “yo superior” se pretende bueno, desea ser bueno.

Desear ser bueno, pacífico, amoroso, no es serlo. Sólo el Ser es.

La Conciencia, el Real Ser interior de cada uno de nosotros, no se parece a ningún tipo de yo, es impersonal, universal e indefinible.

El Ego existe como multiplicidad psíquica caótica, como conjunto de yoes de todo tipo.

El Ego es memoria, recuerdo condicionante con el cual reaccionamos ante los diferentes estímulos. Muchas veces se nos ha dicho que “del sufrimiento se aprende”. Si alguien nos mintió, aprendimos a desconfiar, si nos golpearon, aprendimos a estar a la defensiva, si nos burlaron, aprendimos a ser indiferentes…

En realidad, más que aprender nos hemos ido condicionando. El verdadero aprendizaje consiste en comprender todos esos condicionamientos para poder librarnos de ellos.

Cuando las experiencias de la vida son comprendidas dejan de existir como experiencias y nacen como comprensión.

El Ego es también memoria del placer. Todo placer experimentado queda grabado en nuestra psiquis como deseo. Todo deseo es insaciable. Cada vez que satisfacemos un deseo lo hacemos crecer. Cuanto más se satisface un deseo mas fuerza adquiere y mayor es la demanda por la insatisfacción que se siente.

Todo yo gasta la energía necesaria para el desarrollo de nuestro trabajo interior. Nuestro cuerpo físico es una máquina con funciones perfectamente definidas: sentir, pensar, hacer, hablar, crear a través del sexo. Los diferentes defectos o yoes desequilibran nuestro cuerpo físico y saquean los centros de energía deseando, sintiendo, pensando, hablando y haciendo cosas que no resultan útiles para el despertar de la Conciencia. La lucha por el equilibrio de los centros es la lucha por alcanzar la Castidad, la Fidelidad y el Amor en todas las cosas de la vida.

Cuando nos liberamos de un yo, (recuerdo, idea, deseo) surge en nosotros el valor de la espontaneidad, que es vivir el instante de manera conciente, sin deseos ni condicionamientos, sin miedo y sin dolor.

Mientras la “sabiduría” buscada por medio del Ego nos conduce a ampliar nuestra memoria acumulando  conceptos y condicionamientos, la Sabiduría del Ser nos conduce a eliminarlos para conocer, sin conceptos mediante, todo lo existente.

Sólo mediante la muerte de todas estas formas de ser, condicionamientos, deseos e instintos se hace posible el nacimiento de la Conciencia en cada uno de nosotros.

Sobre la naturaleza múltiple

Observando la naturaleza podemos descubrir que la multiplicidad está presente en toda unidad.

Así como cada uno de nosotros carga dentro de sí una multiplicidad de formas de ser, personas interiores (yoes) lo mismo ocurre con cada una de nuestras formas de ser: ellas estarán compuestas por muchas otras formas.

Todos nuestros yoes están conectados entre sí, cada uno tiene algo del resto.

Por eso el yo que llora, puede hacerlo con alegría, así como también con tristeza, odio, miedo, etc…

Nuestra Psiquis es legión de entidades independientes con intereses diferentes entre sí. Para graficarlo imaginemos una bolsa llena de deseos, donde cada cual tironea hacia un objetivo diferente. Sin embargo, todos mantienen una interconexión que los hace parte de la misma bolsa, o multiplicidad.

Tenemos la idea de ser siempre el mismo, la ilusión de ser un Yo continuo porque todos nuestros yoes, cuando se reflejan en el pensamiento, se enuncian en primera persona: YO quiero fumar, YO tengo sueño, YO odio, YO estoy triste, etc. Cada uno tiene la ilusión de ser el único dueño de la máquina, mientras la posee.

Nuestra incapacidad para auto-observarnos impide que nos demos cuenta de la multiplicidad que de un instante al otro, desfila constantemente tomando el control de nuestro cuerpo físico para desear, sentir, pensar, hacer, etc. sin ninguna intervención de la Conciencia.

La Conciencia, el origen de los yoes, y el oficio de la chispa

 La Conciencia es el origen de todo lo que somos. De allí proviene toda energía existente.

Solo una pequeña parte de nuestra Conciencia está libre, el resto se fue atrapando a través del tiempo en nuestros yoes, instintos, defectos, etc.

Para llegar a comprender profundamente un yo debemos considerar que la Conciencia atrapada en él esta aprendiendo a hacer algo. Por este motivo se dice que la vida es una escuela.

El yo tiene una razón de ser y es permitirnos aprender del error, ya que la Conciencia atrapada en él era inicialmente libre e inocente, o sea, carente de sabiduría.

Por dicha inocencia se cayó en el error, para obtener la sabiduría de ese condicionamiento particular.

El yo es una manera equivocada que tiene la Conciencia de reaccionar ante un estímulo.

Esta manera equivocada es la respuesta mecánica a la cual quedó sometida esa chispita de Conciencia cuando quiso hacer desde la inocencia, sin sabiduría.

Por ejemplo: En determinado momento fabrico el yo gritón para imponerme sobre otros sin tener que dar explicaciones o para reforzar la defensa de mi postura. Y Como me dio resultado, desde entonces siempre actúo así en un intercambio de ideas.

Pero si comienzo a auto-observarme y en una reunión descubro al yo debería preguntarme:

¿Qué estímulo originó este defecto? (Pueden ser varias cosas: miedo, inseguridad, humillación, etc.)

¿En qué se equivoca este defecto al querer resolver esto así? (No escucha al otro, se ofusca y no tiene claro que es lo que está defendiendo, quiere tener razón, quiere que el otro lo acepte, siente odio, etc.)

Es tan importante ver qué está queriendo resolver el yo (por ejemplo ser aceptado o respetado) como su incapacidad para lograrlo (por medio de los gritos, la violencia, etc.)

En todo esto resulta indispensable ver como se relacionan los yoes entre sí. Porque si me manifiesto con mi yo gritón para ser aceptado, es porque existe otro yo que quiere ser aceptado. Si quiero ser aceptado, es porque existe otro yo que teme a la soledad, y así.

      Debemos observar como un yo puede ser una justificación para el accionar de otro.

      En la medida que se trabaja con los Tres Factores para la Revolución de la Conciencia, las chispas se van liberando e integrando. Cada chispa recibe la Sabiduría que le corresponde de acuerdo con su vocación, con su razón de ser en el microcosmos hombre. Así esa unidad múltiple que es nuestra psiquis se va perfeccionando.

Siguiendo con el mismo ejemplo, cuando comprendamos que de nada sirve imponernos gritando ni buscar ser aceptados, cuando descubramos y eliminemos los motivos por los cuales gritamos a todo el mundo, podremos entonces eliminar al yo gritón. La Conciencia liberada de ese condicionamiento nos permitirá, con su sabiduría adquirida, relacionarnos de una manera más Conciente. Y sabremos cuando es verdaderamente necesario gritar pues esa chispa de Conciencia liberada posee toda la sabiduría al respecto, ese es su oficio dentro del microcosmos hombre.

En la medida que la Gran Obra avanza se va logrando la verdadera individualidad. Esta Individualidad sagrada es la perfección de esa multiplicidad que somos, esa misma que ahora se encuentra en estado caótico.

La lucha por el cuerpo físico y la ilusión de unidad

Los yoes sólo pueden manejar la máquina humana de a uno y, mientras lo hace, cada yo tiene siempre la ilusión de ser el único, de ser real, de ser conciente.

Si la lucha por el dominio del cuerpo físico, se manifestara en la misma máquina, entonces una pierna iría para cada lado, una mano acariciaría y la otra golpearía…

Esto jamás ocurre sino que la lucha por el dominio de la máquina se da fuera del cuerpo físico y se manifiesta como duda, incertidumbre o veloz alternancia entre los yoes. Hasta que triunfa uno.

¿Entonces que sostiene nuestra ilusión de unidad?

El hecho de que un yo esté ligado directamente con todos los demás facilita la ilusión de unidad, pues un mismo yo manifiesta conductas que también encontraremos en otros.

Además sostienen la ilusión de unidad y continuidad, el cuerpo físico (por ser el mismo para todos los yoes), y la personalidad, porque a pesar de ser múltiple, coloca a los yoes en el cuerpo de a uno.   

personalidad

En la 5ª Dimensión los “yoes” existen como multiplicidad caótica. Para alcanzar la 3ª Dimensión o Mundo Físico necesitan de un vehículo que les permita manifestarse en el Tiempo (4ª Dimensión). Ese vehículo es la personalidad.

La personalidad

     La personalidad es la que le da continuidad física al desfile de yoes.

     Cada yo se adueñó de una fracción de la personalidad y esta fracción es su tiempo de manifestación en la vida. Cada día es una réplica en miniatura de toda la existencia, en un solo día desfilan todos y cada uno de nuestros yoes. Lo que ocurre es que no los vemos.

La personalidad es el campo donde se libra la batalla por el dominio de la máquina. Cuanto más fuerza tenga un yo en relación a los demás, mas terreno gana sobre la personalidad.

Que un yo gane mas terreno sobre la personalidad significa que se inmiscuye en cada vez más actividades, estando cada vez mas presente.

Por ej. : si tengo el yo asesino, este puede estar refrenado desde mi personalidad por otros yoes. Pero en la medida que este yo asesino crece, mi personalidad se convierte en la de un asesino y ya no tengo tantos reparos en matar.

Distingamos al yo de la personalidad. El yo es una fuerza que tiende una y otra vez hacia lo mismo. La personalidad es circunstancial, está formada por elementos pasajeros. Por ej: cuando soy niño el yo apegado se manifiesta como apego hacia mis padres; cuando soy adolescente, hacia mi pareja y amigos; cuando soy adulto, hacia mis hijos, esposa y profesión; cuando soy un anciano, hacia mis recuerdos y costumbres, etc. Al yo del apego sólo le interesa sentir apego. Las cosas y personas son sólo una excusa para su manifestación.

La personalidad va variando según los conceptos de la época y la manifestación de los yoes que ganen el cuerpo por más tiempo. Por ejemplo: en Roma se entendía que era viril usar falda, entonces el yo viril de esa época se mostraba con ese aspecto. En esta época, el yo viril sigue otras modas, va al gimnasio, etc.

La personalidad va adaptándose a las épocas, pero los yoes son los mismos. El yo puede adecuarse a cualquier concepto de la personalidad

La personalidad es hija del tiempo. Cuanto más tiempo de manifestación alcance un yo, mas terreno gana sobre la personalidad, y mas nos roba lo único que tenemos: el presente.

Tras desencarnar, la personalidad comienza a desintegrarse. Es lo que comúnmente se llama “el fantasma” del difunto: la apariencia que tenía la persona al morir, sus modales, gestos, tono de voz, etc. Todo lo que esa persona tenía de superficial y todo lo que era de su tiempo. Su historia personal.

Lo único que sobrevive es la Conciencia, que jamás muere. Pero el 97 % de esta Conciencia sigue atrapado en sus condicionamientos y los arrastrará hasta su próxima existencia.

Una nueva personalidad habrá de ser formada entonces, según las Leyes de Karma y Dharma, un nuevo vehículo energético que permita usurpar la nueva máquina.

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