Estudiando a los Yoes – Guia para el estudio de yoes

La auto-observación – Temor, placer y dolor – Átomos y moléculas

La Auto-Observación

Cualquier cosa que vayamos a estudiar nos conduce a iniciar con la observación desprendida y Objetiva.

Debemos dejar de vernos como nos gustaría ser, para lograr captar lo que verdaderamente somos.

Para verdaderamente lograr un cambio conciente, debemos comprender la importancia que tiene dejar de justificar nuestros diferentes yoes. Por ejemplo, si quiero dejar de ser iracundo, pero justifico mis rabias aduciendo que tengo razón, que los otros me provocan, etc. nunca lograré cambiar de verdad.

Un serio obstáculo para la auto-observación es la crítica. La capacidad de juzgarnos a nosotros mismos se duerme cuando juzgamos a otra persona. Cuando uno critica se olvida de sí y no puede observar ni descubrir nada interno. Lo que criticamos a otros es lo que somos, criticamos los yoes que tenemos.

Cuando juzgamos es porque nos vemos reflejados en el otro y quisiéramos esconder esa parte nuestra que nos desagrada. Es como si al criticar rechazáramos ese defecto que también tenemos.

Algunas veces, criticamos a alguien que tiene el mismo yo que nosotros por competencia, miedo o envidia.Y otras veces, criticamos los yoes opuestos a los que tenemos (como cuando nuestro yo avaro critica a un  yo derrochador de otra persona).

El Ego, como suma de yoes, es un tejido atómico. Podríamos compararlo a un tapiz que de lejos muestra una imagen compleja (por ej. un paisaje) pero que al ser observado de cerca nos permite ver uno a uno cada nudo, cada hilo por separado. Encontrar los detalles de los yoes y sus tramas es como observar los nudos para ir lentamente desbaratando la urdimbre. Comprender los detalles nos permite ir desarmando el tejido. Cuando estudiamos, por ejemplo, el yo lascivo al principio no vemos más que detalles, lo que de lascivo tiene cada yo. Poco a poco vamos completando la molécula hasta que logramos verla completa y reconocemos el deseo que agrupa esos detalles.

Temor, Placer y Dolor

Toda emoción, todo pensamiento y acción, obedece a un deseo.

Todo deseo o yo está en función de un placer. Todo placer conlleva dolor.

Por ejemplo: Una adolescente desea ir a una fiesta y la madre no la deja. El deseo de ir está compuesto por muchos otros deseos que implican diferentes placeres: el de imaginar, el de prepararse, el de planear que se va hacer, el de beber, el de abrazarse con el novio, el de conversar, etc.

Cada uno de estos placeres tiene su polo opuesto en el dolor. Lo que imaginamos y planeamos con mucho placer, produce mucho dolor cuando no coincide con la realidad. Es doloroso que no nos reconozcan el resultado de nuestro esfuerzo al prepararnos. Beber puede ser placentero, pero no el dolor de cabeza y la confusión. Compartir un momento de apego con la pareja genera dependencia y trae el dolor de la separación. El placer de conversar, de hablar de otros, de criticar, esconde el dolor de la envidia, del rencor, etc.  Por otro lado, en todo esto está presente la dependencia al que dirán, que siempre trae dolor, pues es parte de lo que nos impide ser libres.

Todo placer experimentado queda grabado en nuestra psiquis como deseo. Cuando no lo podemos repetir, nos provoca dolor al desearlo. Pero, cuando lo satisfacemos, adquiere más fuerza y nos demanda más. Por tal razón nunca estaremos satisfechos. Esa insatisfacción que se siente es dolor. Como vemos el deseo provoca dolor tanto cuando lo satisfacemos como cuando no.

La tercera fuerza que debemos tener en cuenta al estudiar el deseo es el temor.

Todo placer esconde temor: de no alcanzarlo o también de alcanzarlo, de que se acabe, de que no sea intenso o que no sea como esperábamos, etc. Y lo mismo ocurre con el dolor, tememos que se repita, o que se prolongue. Tememos a todo lo que nos provoca dolor.

Por otra parte, nos da temor todo lo opuesto a lo que nos provoca placer. Si, por ej. me da placer ser reconocido, temo ser un don nadie, o que rían de mí.

Placer y dolor se compensan. Como vimos, el placer esconde el dolor. Y el dolor nos lleva a buscar placer. Hay dolores placenteros y placeres dolorosos. El placer nos fascina y nos impide comprender el dolor. El temor, por su parte, nos paraliza y nos impide hacer.

Placer, temor y dolor se engendran mutuamente y siempre están ligados entre sí. Podemos ver por ejemplo:

El placer del dolor (el sadismo, masoquismo, la nostalgia, etc.)

El placer del temor (las películas de terror, el vértigo, las situaciones nuevas, etc.)

El temor en el placer (miedo a que el placer se acabe, a que no sea intenso, etc.)

El temor en el dolor (a que se prolongue, a que se vuelva más intenso, etc.)

El dolor en el placer (cuando se acaba, cuando no es como esperábamos, etc.)

El dolor en el temor (sufrimiento por nuestras limitaciones, por no atrevernos, etc.)

Atomos y Moléculas

Los yoes tienen tres naturalezas: atómica, molecular y causal.

La naturaleza Causal, por ser muy sutil sólo podría comprenderla y eliminarla nuestro Cristo íntimo (ver capítulo “Yoes Causa”). Nuestro trabajo actual es disolver moléculas y eliminar átomos.

Nuestro instinto está actualmente contaminado por el deseo animal.

Son estos deseos, quienes se han apropiado del fuego de nuestra emoción. La emoción es lo que nos mueve (moción significa movimiento). Es decir que nos mueve el deseo.

La emoción, que es fuego, agrupa en torno suyo, diferentes pensamientos, que son átomos. El fuego  los suelda formando así moléculas: agrupaciones de pensamientos unidos por una emoción particular.

Cada yo molecular está compuesto por diverso átomos; son los detalles que debemos eliminar para ir disolviendo la molécula. El peso de una molécula dependerá de la cantidad de átomos que la compongan (según la cantidad de pensamientos que alimenten a un yo, más gordo será este).

Un mismo yo puede estudiarse como átomo o como molécula. Por ejemplo, podemos diferenciar entre el miedo de un yo (un átomo) y el yo del miedo (molécula compuesta por todos los miedos de todos los yoes)

Nuestra mente en su totalidad es un tejido atómico compuesto por todos nuestros pensamientos.

La molécula es un grupo de detalles relacionados por un mismo deseo. Es decir que, en torno a un mismo deseo, como por ejemplo el de masturbarse, se van agrupando otros (como el de consumir pornografía, el de quedarse solo, el de ducharse, el de mirar señoritas por la calle, etc.) Todos esos son los detalles (átomos) que es necesario observar y eliminar para acabar con ese deseo (molécula).

Por otra parte debemos considerar que el deseo de masturbarse se relaciona con el deseo de fornicar pero no es en sí el mismo deseo. La masturbación es tan sólo una entre varias maneras de fornicar.

Todas las maneras de fornicar giran en torno a ese mismo deseo. El yo fornicario es una macro-molécula formada por moléculas que apuntan a ese mismo objetivo como el yo me masturbo, yo fornico en la vagina, yo practico el sexo anal, yo practico el sexo oral, etc. Un grupo de deseos girando en torno a un gran deseo.

fornicacion Este esquema representa a grandes rasgos la macro-molécula del yo fornicario. Cada uno de esos yoes es una molécula, con sus propios átomos o detalles. Vemos algunos ejemplos.

atomos comunes

Cada uno de esos yoes (moléculas) esta ligado con todos los demás a través de sus detalles comunes (átomos).

atomos comunes

Sintetizando

· En el proceso de auto-observación hay grandes deseos que no siempre detectamos a simple vista (macromoléculas).

· Estos grandes deseos agrupan en torno suyo a otros mas específicos que nos predisponen a ciertas actividades, que son las diferentes modalidades para satisfacer a ese gran deseo (molécula).

· Estas modalidades agrupan en torno suyo un sinfín de detalles que es necesario descubrir pues constituyen su alimento (átomos).

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